BAILE Festival de Jerez 2020. Sara Baras, ‘Sombras’

Festival de Jerez 2020. Sara Baras, ‘Sombras’ [reseña, fotos y vídeo]

La bailaora gaditana deslumbró en el Teatro Villamarta con un espectáculo que parte de la farruca con la que revolucionó el flamenco hace más de dos décadas

Y luces.


por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com
fotos © Daniel M. Pantiga


«Mi farruca es mi sombra: reflejo múltiple y soledad íntima». Un baile. Un icono. Una seña de identidad. Sara Baras y la farruca: su farruca. Sí, búscalo en Google. Encontrarás que fue noticia de ‘El País’, el principal periódico español, en 1998. Y este fue el titular que escribió Miguel Mora: «Sara Baras incorpora la farruca al repertorio del baile de mujer». Un hito que es hoy, dos décadas después, un hilo del que la bailaora gaditana tira para autorretratarse, para recapitular y, sobre todo, para seguir adelante. Porque si algo refleja ‘Sombras’ es plenitud… una plenitud apabullante.

La farruca es en este espectáculo, además del leit motiv, el baile estrella. A lo largo de media hora, Sara Baras lo busca, lo encuentra, lo enfrenta, lo vence, lo doma… sin resuello. Pantalón negro, casaca roja, el pañuelito, la estirada trenza. Ella en el centro. Ella es el centro. Multiplicada al fondo por seis. La pericia técnica. El pie virtuoso. La fuerza inagotable. El silencio. La percusión. El estallido. La ovación. Y el público: siempre con ella, siempre para ella. Y, para ello, la luz. Pues la deslumbrante iluminación, firmada por Óscar de los Reyes, de filiación spinelliana, es clave en la obra. Para ensalzarla, para mitigarla, para mostrarla, para marcar los diálogos, para el efecto óptico, para las fotos, para ornamentar, para sorprender, para el show, para la ovación. Sí, esto es espectáculo, esto es flamenco mainstream.



Y no quedará ahí su baile. Los vistosos pasajes corales de la compañía, con el peso compartido entre lo coreográfico y lo musical, la van conduciendo a sus siguientes solos. Los romances y martinetes dan paso a su serrana. La del hipnótico giro, la del vestido de infinita capa. Otro icono propio. Y, con el abanico como nexo, zapateado grupal con destino a la versión del ‘Pequeño vals vienés’ que enlaza a Enrique Morente con Leonard Cohen y Federico García Lorca. Un acierto, por cierto, que los músicos funcionen como grupo: las guitarras de Keko Baldomero y Andrés Martínez, las percusiones de Antonio Suárez y Manuel Muñoz ‘Pájaro’, el cante de Rubio de Pruna e Israel Fernández y los vientos de Diego Villegas. Y otro, que el grupo funcione con las escenas.

De la mariana a las sombras, los tangos, la travesía, el mensaje, los telones de siluetas pintadas… Para alcanzar las alegrías. Que son conclusión, eclosión y victoria. El baile en el sitio, condensado. Que luego se abre, extendido por la envoltura de flecos. Que se vuelve a recoger, cuerpo a cuerpo con el salino saxo del sanluqueño. Y el remate, la luz, el corazón, el brindis y la ovación. Y todavía más. Un cante camaronero, la palabra de Sara, los telones dibujados… Y ella que vuelve de fleco blanco y mantón azul para la bulería, para el saludo a lo banda de rock, para celebrar y celebrarse con una fiesta a la que invitó a Juana la del Pipa, mujer que la conecta con sus principios. Y, claro, le cantó una letrita. Y, con su voz rotunda, le dijo lo que todo el teatro parecía quererle gritar: «¡Divina!». Es decir, luz.


Sara Baras en toda su extensión from Festival de Jerez Televisión on Vimeo.

 

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