BAILE Festival de Jerez 2020. Rafaela Carrasco, ‘Ariadna (al hilo del mito)’

Festival de Jerez 2020. Rafaela Carrasco, ‘Ariadna (al hilo del mito)’ [reseña, fotos y vídeo]

La bailaora y coreógrafa inauguró la vigésimo cuarta edición de la cita jerezana con el estreno de su versión del clásico, con dramaturgia y letras de Ávaro Tato · Reseña por Silvia Calado Olivo · Fotos por Daniel M. Pantiga

Por no morir del todo


reseña por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com
fotos © Daniel M. Pantiga


Una luz azul baña el Teatro Villamarta. Todo se hace mar. Comienza la travesía (del Festival de Jerez 2020). En la isla está Ariadna. Abandonada. La partida de Teseo y su tripulación truena ya lejana. Ella es esa isla en la que está. Ella es soledad. Y petenera. Así acaba la historia. O así empieza. Isla. Mujer. Laberinto. Rafaela Carrasco teje y desteje. Los bailes, las músicas, los versos. El teatro, la memoria y el mito. Todo en alianza. Pero con un primordial aliado: el dramaturgo Álvaro Tato, el que revelara la compañía Ron Lalá, el que ya la acompañara en ‘Nacida sombra’. Allí donde todo era mujer, es aquí duelo. Dualidad. La mujer y los hombres. El confinamiento y la libertad. La pérdida y el encuentro. El desencuentro y la eclosión. El hilo y la flor. El final que es un principio. O un otro acabar.


Y eso se dice y se danza. Lo dice -además de los cantaores Antonio Campos y Miguel Ortega- la voz grabada del actor Carmelo Gómez, contando y descontando el hilo de la memoria. La isla. El rey. Teseo. El minotauro. El laberinto. Los hombres. Ella. Que no es palabra, sino danza. Que a la soledad, que al abandono, le da forma de petenera. Pero una suya, que tiene lamentos en los pies, desazón en los brazos, rabia en los puños. Pues este danzar suyo es de las extremidades. Las de la tierra son rítmico rumbo: un hilo fuertemente asido del cuerpo al oído. Y las del aire, esas mutan según el capítulo. Pues ha ideado la bailaora en esta obra un léxico del braceo, que marca cada estado.

La soleá de los hombres, cuatro vehementes y vibrantes bailaores (los novedosos Rafael Ramírez, Gabriel Matías, Ricardo Moro y Felipe Clivio), es lucha de poderes, imposición, violencia. Que batalla en medio de esa masculina corte de guitarras, cantes y palmas, en dos flancos perpendiculares al muro de pizarra que es telón de fondo, candado y salvación. Pero está la flor. Que brota en un camino cálido al paso de Ariadna. Pasaje de los girasoles. Ella toda es girasol. Ahí está el amor. Y Ariadna se entretejerá con los hombres en una coreografía de lazos que se anudan y desanudan. Con un danzar voluptuoso, de brazos lanzados, de dedos sonoros. A todos. A pares. Mientras la música a dos guitarras (las de Jesús Torres y Salvador Gutiérrez) envolverá, al tiempo, en luz la historia.

Pero el laberinto acecha. La milonga será toná. La flor volverá a ser piedra. Y el brazo sinuoso retornará a su angulosidad. La escena volverá al gris, al efecto, al impacto, a lo marcial, a lo hombre, a la guerra. La historia volverá al inicio. Isla. Soledad. Abandono. O no. Pues avisa el narrador: hay dos posibles finales. Y esta Ariadna se queda con uno feliz. Con su corona borealis. Con Dioniso. Con la inmortalidad. Con las estrellas. Pues esta es una Ariadna libre, una versión condensada del mito, una mirada multilingüe (flamenca, escénica, dancística, literaria, teatral) a un texto clásico, un deslumbrante modo de alzar el telón del Teatro Villamarta, un hilo del que tirar para recordar… «y no morir del todo».


VÍDEO

 

Flamencoymas.com -Tienda online de Flamenco