BAILE Crónica del adiós de Carmelilla Montoya

Crónica del adiós de Carmelilla Montoya

La bailaora sevillana recibió el homenaje de más de 60 artistas en su despedida de los escenarios, entre ellos, Eva Yerbabuena, Rubén Olmo, Rafael Riqueni, Antonio Canales, María Terremoto, Remedios Amaya y Aurora Vargas

Cómo se afronta un final (el final). Cómo se baja por última vez del escenario. Cómo se cierra un telón para siempre. Es difícil imaginar una respuesta. Pero es posible presenciar (y sentir) un ejemplo. El de Carmelilla Montoya. Y lo que ha hecho ha sido sentarse en el patio de butacas, a la verita de su madre Carmen Montoya, y dejarse querer. Un cariño solidario y colectivo. Un cariño con forma de baile, de cante y de toque. Un corazón grande y flamenco.

Carmelilla Montoya. Foto © Silvia Calado

Más de 60 artistas sobre la tabla. Más de 1.500 personas en el auditorio Fibes Sevilla. Más el apoyo de la Fundación Cristina Heeren, de Jesús Molina, del productor Ricardo Pachón, de los medios de comunicación, de Emilia, de Alexandra, de Sole… Y todos latiendo al unísono para arropar a la bailaora y cantaora trianera por su despedida. Una gala a modo de homenaje tal como ella misma había ideado y que plasmaría con ayuda de Rubén Olmo. Con sus tres bloques: la solemne ronda de cante masculino, la celebración cantaora femenina… y el baile.

Pero antes, un delicado doble prólogo. De entrada, la marcha ‘Amargura’ de Font de Anta a tres guitarras, las de Rafael Riqueni, Manolo Franco y Paco Jarana. Para seguir, Olmo descalzado y alado como ‘Ave Fénix’, aventando el toque de Riqueni. El abstracto ensueño, la inasible melancolía.

No invitaban la disposición ni la sobredimensión del foro a lo cálido pero, poco a poco, las gargantas fueron templando el metálico ambiente. Martinete, soleares y seguiriyas fueron los cantes de ellos. Pechuguita, Segundo Falcón, El Pele, José Valencia, José de la Tomasa y Pansequito. Uno tras otro en pie, al centro. Uno tras otro, compartiendo sus solos quejíos. Y las sonantas de Paco Jarana, Paco Cortés, Manolo Franco y Juan Campallo dando compaña desde la lejanía.

Un entremés a dos cajones. Y toman el relevo en el casi cuadrilátero las cantaoras. Con su algarabía. Ellas despacharán tangos y bulerías. Alba Molina, sobrina y legataria de la saga Molina-Montoya, abrió loleando. La Susi la siguió generosa, sin percatarse de la oportuna mesura. Y entonces salió la “hermana” Remedios Amaya, la que, como la homenajeada, fue niña artista en la serie ‘Rito y geografía del cante’. “Que si grande eres como artista, más grande eres como persona”. Eso le dijo. Y atrás, atentas a todas, las guitarras de Pedro Sierra, Juan Habichuela Jr, Joselito Acedo y Pituquete. De Jerez llegó a Triana la gran niña flamenca de ahora, María Terremoto, con su instrumento grandioso y su manejar la tabla. Y de Cádiz, Encarna Anillo a quien le bailó Esperanza Fernández. Sí, es que andaba afónica. La Tobala puso el aporte extremeño, por cierto, tierra del padre de Carmelilla, El Morito. Y a sentenciar salió Aurora Vargas, majestuosa matriarca.

Aurora Vargas. Homenaje a Carmelilla Montoya. Foto © Silvia Calado

De un devenir de docena larga de bailaoras y bailaores, surgieron Los Morancos. El dúo cómico, sus vecinos de la barriada El Tardón, satélite trianero, le brindaron unos cuantos gags de Antonia y Omaíta. Ya distendido el ambiente, al baile. ¡Y cuánto baile! De las dos hileras de sillas de enea fueron saltando al ruedo, una tras otra, tangos tras bulerías. Que si Ana Morales, que si Rosario Toledo, que si Pastora Galván, que si Hiniesta Cortés, que si María Moreno, Manuela Ríos, Lucía la Piñona, Noelia Sabarea, Carmen Young… Y a dos, se hermanaron Adela y Rafael Campallo.

Homenaje a Carmelilla Montoya. Foto © Silvia Calado

A las guitarras las iban respaldando Juan Campallo, Jarana y Miguel Pérez. Jorge Pérez ‘El Cubano’ y Javier Teruel, al cajón. Y al cante, un entregado Segundo Falcón, que se quedó solito para ponerles a todos voz. Luego vinieron los solos. Amador Rojas por aire de zambra, con violín, capa, fleco y perla. Antonio Canales por seguiriyas, con su trueno y su plegaria. Eva Yerbabuena con mantón y bata de cola, rescatando su célebre duelo a cuplé con José Valencia. La Farruca salió hecha roja llama. Y Milagros Menjíbar echó el cierre recogiendo al inmenso cuadro por cantiñas. Ya solo faltaba ella, Carmelilla Montoya. Y al escenario salió plena de emoción, plena de amor, plena de agradecimiento, plena de lágrimas, plena de sonrisas, plena de flores, plena de aplausos. Por última vez. Tal como lo había soñado.


texto y fotos por Silvia Calado Olivo