ACTUALIDAD DE FESTIVALES FESTIVAL DE DANZA IBÉRICA CONTEMPORÁNEA 2019. El flamenco como alebrije

FESTIVAL DE DANZA IBÉRICA CONTEMPORÁNEA 2019. El flamenco como alebrije

La Gala Multiestelar de flamenco reunió en el Teatro Metropolitano de Querétaro las propuestas de Sergio Delope, José Galán y. Nazaret Reyes

El flamenco es como un alebrije. Una combinación de animales, una mezcla de colores, una criatura imposible. Tantas caras tiene, que a veces hasta se hace complicado asimilarlas todas. Al menos, de un solo vistazo. Algo así fue la sensación que dejó la penúltima gala del Festival de Danza Ibérica Contemporánea 2019 en México. A modo de tríptico, ofrecía tres propuestas: radicalmente distintas, exageradamente distantes. Una instrumental, una inclusiva y una bailaora.

Sergio de Lope. Festival Ibérica Contemporánea. Querétaro, México. Foto Daniel M Pantiga

Aunque es una cita consagrada a la danza, escogió una de las propuestas instrumentales (no guitarrísticas) que actualmente recorren los circuitos flamencos, la del flautista y saxofonista cordobés Sergio de Lope. El músico, laureado en el Festival del Cante de las Minas de La Unión, apuesta por el concepto de banda, unido al guitarrista David Caro, el bajista Juanfe Pérez, el percusionista Javier Rabadán y, especialmente, el cantaor Matías López. Y es que El Mati, que en esta edición es casi cantaor oficial, parece aportar al concierto un carácter distintivo. El versátil cantaor, de sincera filiación morentiana, no se limita a salpicar las piezas con unas cuantas letras, sino que reelabora cantes y fabrica arreglos corales con una intencionalidad más allá del ornato. Quizás sin ese ingrediente, la propuesta sonaría distinta. La nana ‘Madre tierra’, el garrotín ‘Ser de luz’, la seguiriya ‘Recuerdo a Enrique’, el fandango ‘Churretillo’ y las bulerías ‘Canastera’ fueron las piezas de un repertorio que camina siguiendo los pasos marcados por Paco de Lucía y los suyos. Complicidad, energía y legibilidad son sus bazas. Una música fácilmente compartible.

José Galán. Festival Ibérica Contemporánea. Querétaro, México. Foto Daniel M Pantiga

Lo de José Galán, sin embargo, va de barreras. Y en lograr apoyos para derribarlas radica su proyecto de flamenco inclusivo. La falta de contextualización, incluso en el programa de mano, las hizo aquí más insondables. Y también la carencia de un programa formativo en paralelo… y hasta la sobredimensión del escenario. Con el vídeo-prólogo propugnando un «sólo respira, ama y siente» se despejó un poquito el camino antes de entrar en faena con retazos de su obra ‘En mis cabales’, que reivindica a artistas que, superando diversas discapacidades, fueron clave en la historia del flamenco. Como Tomás Pavón, el de la rareza, el de la locura mentada en la semblanza de Pepe Pinto. Como La Niña de la Puebla, la de la ceguera. Y, para que su mensaje no quedara en abstracto, integró en escena a Diana Beltrán, alumna con discapacidad de la escuela Proart, para compartir con ella un baile por sevillanas. A su lado tuvo a El Mati al cante y a David Caro a la guitarra quien, por cierto, despachó un entremés solista, con dinámica, rotundidad y crescendo, que desató la ovación de la audiencia. La que no pudo recoger, por una precipitada caída de telón, su compañero Galán. Y entonces, ya era tarde para que la voz en off hablase de inclusividad.

Nazaret Reyes. Festival Ibérica Contemporánea. Querétaro, México. Foto Daniel M Pantiga

Tras el fundido a negro, llegaba el momento del baile flamenco ‘per se’. Nazaret Reyes no se anda con rodeos. Embiste a las bravas con su baile de herencia materna, la de Juana Amaya. Primero, con la soleá por bulerías. La escoltan, alrededor de la mesa, Antonio Campos al cante, Caro al toque y Diego Amador al cajón. La escoltan y la azuzan. Pues ella es como brasa candente. Vehemente, desafiante y hasta un punto violento, así es el baile de esta sevillana que, por cierto, también es hija de Cristóbal Reyes. El cantaor granadino fue clave en la seguiriya final. La recibió en pie y le abrió el pecho. Tensión en los paseos, bravura en los marcajes, sismicidad en el zapateado. Y ya está. De su fiereza también se colorea este diverso alebrije que es lo jondo.

por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com


 

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