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FESTIVAL DE DANZA IBÉRICA CONTEMPORÁNEA 2019. Ana Morales y la poesía del baile

La bailaora mostró 'Una mirada lenta' en el Club de Industriales de Querétaro, tras la pasarela de moda inspirada en la danza "Estilo en movimiento"

Era una plaza difícil. El escenario estaba en el centro de un neutro salón de convenciones del Club de Industriales. Y rodeado de una pasarela blanca acharolada. Sin caja negra. Sin distancia. Sin protección. Ana Morales tendría que afrontar el cuerpo a cuerpo con una audiencia en parte atraída por el certamen de moda inspirada en la danza «Estilo en movimiento» (¡hasta aquí llegan ecos de SIMOF!). De hecho, su pieza tuvo lugar tras la pasarela y durante la deliberación del jurado. Y aún con todos los obstáculos, supo defender su poético concepto del baile. Sin renuncias. La bailaora-bailarina barcelonesa traía consigo su personal recital ‘Una mirada lenta’, un sencillo pero reflexivo hilado continuo de danzas, en atento diálogo con el cante y el toque, que alterna en gira con su loado ‘Sin permiso’. Cuatro en el cuadrilátero. Sin cuerdas. Primero lo rodeó, tanteando sigilosamente el perímetro, palpando la senda con el chaleco de cola. El trémolo de la guitarra de José Luis Medina la impulsa a girar. La cartagenera de Matías López, a escorzarse. Y en el taranto ataca con energía felina, cortando en seco las mudanzas, equilibrando las explosiones y las contenciones. Antonio Campos le cuenta los eslabones. Sin cadenas. Las palmas están en modo seguiriya. Y ella la usa para aventurarse: giros en pleno vuelo, zapateados ingeniosos, bellas poses. «¡Qué grande es la libertad!», le cantan. Pues eso. Entonces se sienta Campos a fandanguear cara a Granada. Lejos, muy lejos de España. Y el ruiseñor regresa con bata de cola y chaquetilla dorada dispuesta a la soberbia soleá de mujer empoderada. Y toca el suelo. Y dibuja sierpes con cuerpo y falda. Y estalla con vehemencia. Y se va minimizando giros. Sin prisas. A un ladito, a media luz, muda la cola por gaseoso vestido. Entre tanto, a El Maty le da por versionar el ‘Ángel caído’ de Antonio Vega. Deja en silencio la habitación. Y la bailaora vuelve posando rodilla en tierra, aleteando el abanico. El cante es vidalita entonces. La sonanta, farruca. ¡Ole Sabicas!, jalea Campos. La danzaora traza espirales en el aire. Sin peso. Ya volverá la gravedad para jugar sus tangos de flamenca virtuosa. Un crescendo… hasta el delicado fadeout. Ellos se van. Y ella queda abanicándose el delicado perfil, regalando el último suspiro de emoción. Con sensibilidad. Con poesía.

por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com


«Estilo en Movimiento». Festival Ibérica Contemporánea 2019
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