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FESTIVAL DE DANZA IBÉRICA CONTEMPORÁNEA 2019 Bailes de tierra. Bailes de aire

Los bailaores Pedro Córdoba y Eduardo Guerrero mostraron sus propuestas en la histórica Hacienda Viborillas cercana a Querétaro

El Camino Real de Tierra Adentro fue la ruta comercial que unió desde el siglo XVI la capital mexicana con las minas del norte. Y en medio de esta senda, ya cerca de los yacimientos de Zacatecas, quedó enclavada Santiago de Querétaro. Alrededor de la ciudad, que conoció su esplendor en época barroca, se extendieron, además, explotaciones agrícolas latifundistas de las que aún quedan espléndidos vestigios. La Hacienda Viborillas es una de ellas. Y a sus actuales usos como lujoso enclave de celebraciones, suma ahora ser escenario flamenco. El Festival de Danza Ibérica Contemporánea, en su afán por integrar la diversidad cultural queretana, lo ha vuelto a escoger para convocar «Tapas y Arte Flamenco», un evento con el que Fundación Proart recauda fondos para sus proyectos de promoción artística y cultural. Así que la imponente cava subterránea del edificio volvió a transformarse en un exclusivo café cantante, aliando gastronomía y flamenco. Si en la pasada edición se ofrecía un único espectáculo, el ‘Aviso: bayles de jitanos’ de El Choro, en esta séptima la apuesta se dobló. El programa daba a elegir dos opciones bailaoras: ‘Regalo’ de Pedro Córdoba y ‘Faro’ de Eduardo Guerrero. Y no pudo ser más acertado el contraste pues, con tan sólo dos recitales, el público queretano pudo comprender una de las máximas de este arte: la diversidad. Hay tanto flamenco… como flamencos.

Pedro Córdoba. Festival Ibérica Contemporánea 2019. Foto Daniel M Pantiga

Al principio, la tierra. Pedro Córdoba planteó un desafío interior. Alentado por los cantes de Antonio Campos y Matías López ‘El Maty’, y el toque de José Luis Medina, quiso el bailaor barcelonés entablar diálogo consigo mismo. A cada paso, se lanzaba un reto. Y a cada paso, lo superaba. La soleá la emprendió con sobriedad, clásico en el porte, compuesto en el andar, coherente con sus maestros, certero en las intenciones. Y la fue resolviendo en un infinito hilar de ingeniosas vueltas y de inesperadas variaciones. La guitarra se retiró tras aliviar la tensión por granaínas, y regresó el bailaor aún más rotundo por martinetes. La mirada clavada en la audiencia, el pie clavado en el suelo. Los cantaores clavando los tercios. Y el bailaor, zamarreando la cueva con su perfecto control de lo imprevisible. Un pasaje cantaor por tangos, recogido con guiño morentiano, precedió a la escena final. Por alegrías ya llevó el juego al límite, más vacilón y distendido en su inagotable repertorio de ‘patás’, todas plagadas de matices, algunas tan de locura que levantaron a muchos de sus asientos al grito de ¡ole!

Pedro Córdoba. Festival Ibérica Contemporánea 2019. Foto Daniel M Pantiga

Y después, el aire. Eduardo Guerrero fue pura extroversión. El gaditano planteó una pieza elaborada escénicamente (dentro de la limitación de tamaño y forma de la cúpula pétrea) y con hilo temático, que es fruto de una gira realizada hace dos años por faros de las costas españolas. Amaneceres, tormentas, partidas, encuentros… y su Cádiz natal actúan como inspiración de esta obra viajera que intercala bailes, cantes y canciones. La caña, ‘Volver’, los tangos, ‘El loco’ de El Puma por bulerías, el antiguo Romance de Zaide, la seguiriya, el ‘Mediterráneo’ de Serrat versionado a compás y las alegrías de broche componen el ecléctico repertorio, que en lo musical interpretaron la cantaora Samara Montañez, el cantaor El Maty y el guitarrista Javier Ibáñez. Y el bailaor como motor, impulso, motivo y centro. Guerrero no escatima, no respira, no se cansa, apabulla. Toda su capacidad física y su virguería técnica la planta en la tabla, la extiende ante la audiencia y se la lanza a los ojos hasta cegarlos. Pues es su danza pura visualidad. Y con una conciencia que empapa desde el vestuario de brillante traje corto que muta de color a cada escena, hasta el más mínimo gesto, pasando, por supuesto, por el escorzo más grandilocuente. Lo suyo es la sugestión, la sensación, el flirteo, el ornamento, el exceso… hasta enamorar perdidamente a la audiencia. ¡Quién sabe cuántos selfies atendería al acabar la función!

Eduardo Guerrero. Festival Ibérica Contemporánea 2019. Foto Daniel M Pantiga

por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com


 

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