ACTUALIDAD DE FESTIVALES Festival de Danza Itálica 2019. Rubén Olmo, ‘La muerte de un minotauro’

Festival de Danza Itálica 2019. Rubén Olmo, ‘La muerte de un minotauro’

Rubén Olmo en ‘La muerte de un Minotauro’. Foto @ Festival Internacional de Danza de Itálica

Y un intenso foco lo iluminó al fondo del pulpitum. Una escultura en danza. Un bailarín mitológico. Un Rubén Olmo en modo Minotauro. A pocos meses de asumir la dirección del Ballet Nacional de España, el artista sevillano estrena producción para el Festival Internacional de Danza de Itálica 2019. Y lo hace rindiendo homenaje a uno de los creadores teatrales clave del panorama andaluz contemporáneo: Salvador Távora. Aunque no se inspira en una de las propuestas con las que comprometió al flamenco por mor del luchar del pueblo, sino con una clásica… con una universal.  La del Minotauro en su laberinto cretense. La del héroe Teseo. La del hilo de Ariadna.

Compañía de Rubén Olmo, ‘La muerte de un Minotauro’. Foto @ Festival Internacional de Danza de Itálica

No podía ser más propicio el telón de fondo: la ruina del bimilenario teatro de Itálica, la primera ciudad romana de Hispania. El coreógrafo y bailarín dejó integrados sus restaurados muros y sus quebradas columnas en la obra. La orquesta -la Bética de Cámara-, en su orchestra. El público, abrazando la propuesta desde la cavea. Y la noche estival completando el marco, con su cielo de estrellas, su brisa fresca y sus vecinos poncinos asomados al fresco.

Eduardo Leal en ‘La muerte de un Minotauro’. Foto @ Festival Internacional de Danza de Itálica

La síntesis es la clave de la propuesta. Y su mejor baza, la renuncia a la literalidad narrativa, en favor de una abstracción que deja espacio a la danza y a la música para, por sí mismas, explicarse. El solitario poder del Minotauro, la oscura opresión de las doncellas, la insondable prisión del laberinto… son mensajes que se traducen transparentemente al lenguaje coreográfico. Y, a su vez, los corporeizan Rubén Olmo en el papel protagonista, con su abrumadora expresión corporal según dibujos propios y uno, el ‘Minotauro caminante’, encargado a Rocío Molina; y las ocho bailarinas enlutadas que representan a las doncellas y efebos víctimas del monstruo minoico. Alejandra Gudí, Ana Latorre, Carmen Yanes, Irene Correa, Irene Lozano, Laura Santamaría, María Jurado y Paula Salazar ejecutan la composición (que une las firmas de Olmo y Leal), un fluido híbrido flamenco-español-estilizado atento a lo coral, a lo espacial y a lo visual.

Ya será en la séptima pieza cuando el testigo lo tomen Teseo y Ariadna, interpretados por Eduardo Leal y Diana Noriega, en clave contemporánea. Y funcionará su plan para dar muerte a la bestia que muere con ‘Abnegación’ al son de la marcha ‘Mi madrugá’ que toca en vivo, rodeando la orquesta, la Banda de Cornetas y Tambores de las Tres Caídas. Aquel momento final, con el sonido de la pasión amplificado en el monumento, fue el guiño más claro a Távora, el más visible. Aunque todo estuvo impregnado de rasgos suyos más conceptuales como la interacción en igualdad de condiciones de lo popular y lo culto, con lo flamenco como elemento catalizador. Y eso se deja sentir en la música que, con dirección de Manuel Busto, engarza lo orquestal con lo guitarrístico, lo andaluz y lo del mundo, hilando piezas creadas por Alejandro Cruz, Agustín Diassera, Dani de Morón y el propio director. Lo resume Pilar Távora en la sinopsis: «Como todo lo que es verdaderamente universal, se nutre de las raíces para alzar sus alas al viento».

Rubén Olmo y la Orquesta Bética de Cámara, dirigida por Manuel Bustos en ‘La muerte de un Minotauro’. Foto @ Festival Internacional de Danza de Itálica

Texto por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com


 

Flamencoymas.com -Tienda online de Flamenco