Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Clausura: Dorantes, ‘La roda del viento’...

Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Clausura: Dorantes, ‘La roda del viento’ [reseña y fotos]

"Circunnavegar", reseña del estreno de la composición que el pianista lebrijano dedica al quinto centenario de la primera vuelta al mundo de Magallanes y ElCano desde el Puerto de Sevilla

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Circunnavegar

por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com

fotos © Bienal Flamenco Sevilla/ Óscar Romero


Dorantes, ‘La roda del viento’ (Foto © Bienal de Sevilla/ Óscar Romero)

Valga la metáfora de la circunnavegación para volver a gritarlo a los cuatro vientos: sea libre el flamenco. Dejen que navegue, que toque puertos, que se mezcle, que vaya, que vuelva, que viva. Kilómetros arriba o abajo, fue en estas orillas del río Guadalquivir donde vino a nacer. De sus aguas bebió: de lo que trajeron y de lo que llevaron. Oros, mercancías, gentes, colores, culturas… llegaban y partían de un puerto, el de Sevilla, que durante dos siglos fue epicentro del mundo, el conocido y el recién descubierto. De sus muelles zarpó en 1519 la flota que comandaba Fernando de Magallanes, dispuesto a dar la vuelta al globo. Una gesta que finalizó, tras su muerte en combate en Filipinas, Juan Sebastián ElCano llegando a puerto con la Nao Victoria tres años después. Ya habrán calculado que de la primera circunnavegación van pronto a cumplirse cinco siglos. Un aniversario al que Sevilla ha querido ir anticipándose -fuera del programa oficial que ya promueve el Ministerio de Cultura- con el estreno de una obra musical que ha sido, al tiempo, clausura de la XX Bienal de Flamenco: ‘La roda del viento’ de Dorantes.

Dorantes, ‘La roda del viento’ (Foto © Bienal de Sevilla/ Óscar Romero)

Si hay un músico que podía traducir el espíritu de la circunnavegación, ese era el pianista lebrijano. No sólo la histórica, sino también la del flamenco. La mirada panorámica que ha caracterizado su obra era la idónea para crear un libro sonoro de viajes: el de un periplo épico. La aventura, la ventura, la fe, la tempestad, la calma, la exploración, la batalla, la muerte… y la esperanza están contenidos en una partitura concebida para su piano, pero ensanchado por una orquesta, la Bética de Sevilla, dirigida por Michael Thomas, acompasado por las percusiones de Antonio Moreno y Javi Ruibal, y explicado polifónicamente por una coral de jóvenes voces jondas seleccionadas entre el alumnado de la Fundación Cristina Heeren, más Los Mellis y Pedrito Peña. Qué ilusiones en los tanguillos. Qué horizontes en las alegrías. Qué liturgia en ‘La calma’. Qué gravedad en la tempestad. Qué miedo. Qué vacío. Y las soledades. Y las seguiriyas. Y Sevilla cerrando el círculo.

Dorantes, ‘La roda del viento’ (Foto © Bienal de Sevilla/ Óscar Romero)

Pero no sólo eso. A la magnitud de la obra se ensambló la peculiaridad del contexto. El escenario estaba en pleno Puerto de Sevilla, pero no en el turístico Muelle de la Sal, sino en el real, el de mercancías, el único interior de España, el octavo del ránking portuario nacional en tráfico. El festival montó un tetris de contenedores metálicos de compañías multinacionales como telón de fondo (y hasta como instrumento de percusión), una pareja de grúas suspendiendo en el aire los sistemas de amplificación, un amplio patio de sillas plegables y, por supuesto, la barra con sus botellines de la cervercera local-neerlandesa. Y, con la iluminación de Nacho de los Ríos y los efectos nebulosos del hielo seco, aquello quedó de impresión. Quiso hasta el cielo colaborar deteniendo la amenaza de tormenta y moviendo un fresco aire que olía a río… y a mar, ese mar por el que la nueva obra de Dorantes habría de navegar, por el que el flamenco habría de seguir circundando el mundo.

Dorantes, ‘La roda del viento’ en el Puerto de Sevilla (Foto © Bienal de Sevilla/ Óscar Romero)

 

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