Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Rosalía

Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Rosalía [reseña y fotos]

"Cuestión de futuro", reseña por Silvia Calado Olivo del recital de la cantaora en el Café Alameda, basado en su disco debut 'Los Ángeles'

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Cuestión de futuro

por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com

fotos © Bienal Flamenco Sevilla/ Óscar Romero


Y ahora a ver cómo lo explicamos. Teatro de barrio con pinta de café-caseta. Sala llena de fauna más bien hipster. El festival flamenco más grande del mundo. El teatro más pequeño de la XX Bienal. El aire acondicionado otra noche estropeado. En cartel, la nueva fulgurante estrella de la música latina (cinco nominaciones al Grammy, ¡ea!). Y ahí se pone a cantar ‘La hija de Juan Simón’, con una guitarra pelá, y el público la tararea. Sí, la de Angelillo y Valderrama y Antonio Molina y Pepe Marchena. La tétrica copla del enterrador de la época de mis abuelas. What? Pues Rosalía.

Rosalía. Foto © Bienal de Flamenco / Óscar Romero

Estamos cansados de escuchar que el cante no interesa a las nuevas generaciones. De ver los patios de butacas envejecer. Que si hay que renovar el repertorio. Que si las letras. Que si la música. Que si la estética. Que si la personalidad. Que estamos lights. Que me aburro. Que otra vez. Que no puedo. Y viene una jovencita barcelonesa, felizmente ignorante de todo este rollo, a hacerse hueco en el mundo indie con un austero disco de cantes sobre la muerte titulado ‘Los Ángeles’, de la mano del productor de moda Raúl Refree. Legataria de los modos vocales marcheneros y valderrameros, bendecida con un instrumento bellísimo y acompañada por una no-guitarra no-flamenca, expuso hace poco más de un año un cambio estético en lo musical… y en lo visual para lo flamenco. El glamuroso vídeoclip ‘De plata’, rodado en Los Ángeles, lo sentenció. Si lo que canta es una seguiriya caracolera y una cabal de El Pena. ¿Por qué se ve tan distinto? ¿Por qué suena tan diferente? ¿Por qué enloquece a tantísimas personas totalmente ajenas a lo jondo? Tantas como tres millones, que son las visualizaciones que acumula en VEVO. Y cuando aún estábamos digiriendo el debut, lanza ‘Malamente’.

Rosalía. Foto © Bienal de Flamenco / Óscar Romero

Lo que hubiera ganado esta Bienal si lo hubiera visto venir. El show en directo de su próximo álbum ‘El mal querer’, estrenado en Sonar 2018, hubiera petado escenarios como el Auditorio de la Cartuja de ese público que nuestro flamenco festival viene últimamente ignorando: el del futuro. Y hubo quien le pidió el hitazo en el Café Alameda. Pero ella dijo que “no, en la Bienal no”. Esa fue una de las cuantas veces que habló con el público durante el recital. Y cada vez que lo hacía, más se dejaba querer. Porque tiene encanto, o sea, ángel. Una cosita inocente, una risa de niña, un algo auténtico y creíble. Y eso que es una súper intérprete. En toda la extensión de la palabra. Actuar. Representar. Traducir. El repertorio cantaor que pasa por su garganta, por sus ojos, por sus manos (llenas de sortijas y uñas de diseño), por su gesto, por su postura, se vuelve otro. Aunque a su lado mantenga un acompañamiento de guitarra tan tradicional como el que esa noche le prestó el trianero José Acedo o, en anteriores veces, Alfredo Lagos (de quien ella es, a la vez, colaboradora).

Rosalía en la Bienal de Flamenco de Sevilla. Foto © Bienal de Flamenco / Óscar Romero

La granaína de Chacón, la guajira de Valderrama, los tangos “Catalina mía” de Vallejo, los tanguillos de “los cocheros” de Pericón… todo ese pretérito repertorio, con tanto criterio y estudio escogido, cobra en ella una vida nueva. Cuestión de estética, de interpretación… y de actitud. La manera de sentarse, la manera de vestirse, de peinarse, de levantarse, de coger el micro, de mover raperamente la mano, de mirar de frente o de reojo, de callar, de emocionarse hasta las lágrimas… es otra, es suya. Y es irremediablemente atractiva. Que sí, que brilla con highlighter. Que deslumbra. Y lo va a seguir haciendo. Porque los adelantos que presentó del nuevo disco, que dicen que tira de lo flamenco para el trap, siguen redundando en el interesante giro estético-musical que da a la tradición cantaora. Apenas son arreglos vocales con un coro de dos voces femeninas en “algo así como fandangos” o en melodías por bulerías de La Niña de los Peines. Pero son toques ingeniosos, inéditos, sensibles y tan sencillos como acentuarle un solo verso, una palabra sola. “No sé si decir cante o canción, lo que cada uno quiera”. Pues lo que quieras tú, Rosalía. El futuro es tuyo.

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