Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Eva Yerbabuena, ‘Cuentos de azúcar’

Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Eva Yerbabuena, ‘Cuentos de azúcar’ [reseña y fotos]

"Tradiciones", reseña por Silvia Calado Olivo del nuevo espectáculo de la bailaora granadina, junto a la cantante tradicional japonesa Anna Sato

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Tradiciones

por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com

fotos © Bienal Flamenco Sevilla/ Óscar Romero


Hasta ‘Cuentos de azúcar’, nunca había oído hablar de Amami. No sabía nada sobre su historia, sobre su tradición musical, sobre sus cuentos. Tampoco sabía nada de Pina Bausch antes de que Eva Yerbabuena se encontrara con ella en 2001… y nos la trajera. Entonces, la bailaora granadina me abrió las puertas de un mundo que admirar, conocer y amar por siempre. Cuando ya estaba perdidamente dentro del suyo. Allí dentro iba encontrando mujeres nuevas, bailes que hacían estremecerse y hasta formas de sanar la memoria herida. De sus búsquedas, venían otras mías. Y así seguimos. Claro que he estado preguntando a Google sobre la isla japonesa. Y ahora tendré que leer y escuchar, pero con la calma de haber sido convenientemente introducida. Eva Yerbabuena ya ha viajado hasta aquel remoto lugar, lo ha visto, lo ha escuchado y lo ha sentido. Ahora, nos lo cuenta.

Eva Yerbabuena en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Foto © Bienal de Flamenco/ Óscar Romero

Poético prólogo el de ‘Cuentos de azúcar’, que llega al teatro de la Maestranza por la XX Bienal tras su estreno en el Grec de Barcelona. En la neutralidad del negro, el cuerpo reducido a rostro, a brazos, a manos. A cuatro manos. Desdoblada. Y la guitarra atarantada de Paco Jarana envolviendo una coreografía que es pura papiroflexia. La -maravillosa- luz se hace. En un periódico digital he leído que en Amami nada un pez globo que dibuja con sus aletas un gran dibujo circular en la arena del fondo marino para conquistar a su amada. Miradlo en la red, es precioso. Y quizás sea esa la inspiración del círculo, confinado en crestas de ola metálicas, que hace de eje de todo el espectáculo. Dentro está la bailaora con bata plata. Y lo bordea con un travelling de minúsculos pasos que comienzan y acaban en el mismo no-lugar. Anna Sato echa a volar su voz milenaria. La nana. El sueño. Y despierta con ‘Madre, tierra y caña’. Regresa sin haberse ido. Baila por caña, circunscrita, circunspecta. Desde un interior. Hasta salir… sin moverse.

Eva Yerbabuena en ‘Cuentos de Azucar’. Foto © Bienal de Flamenco/ Óscar Romero

La cantante de Amami despide al hombre. Y la bailaora regresa a un rectángulo de luz dentro del azulado ruedo. La pieza, titulada ‘Carta agénera’, es alucinante. Un lejano bolero de Ravel la asienta musicalmente, con la guitarra, el cante de Alfredo Tejada y Miguel Ortega, y tres sets de percusiones en juego (incluido el tradicional japonés de Kaoru Watanabe) subrayando cada paso. Eva va llegando. Y cuando el movimiento rompe… explota en hipnóticos escorzos, en poses sin tiempo dignas de ser dibujadas. Todas. Cada una con su porqué y su consiguiente silencio. Quizás sea miedo. Aunque te cubran. Aunque la oscuridad. Un miedo que hay que afrontar volando. Con un mantón encarnado que logra escapar.

Eva Yerbabuena en ‘Cuentos de Azucar’. Foto © Bienal de Flamenco/ Óscar Romero

El hombre sale a su encuentro. Fernando Jiménez coprotagoniza el intenso paso a dos tan Wuppertal, con sus seriadas mudanzas, con sus expresivos loops. Una doble danza que, con el canto de Sato, suena a oración, a naturaleza. El bailarín quedará solo en el centro para brillar en el percusivo pasaje ‘El pulso de la luna y el pez’. Estético. Acuático. Guerrero. Lucha hasta dejar abierto el círculo. Amami los deja entrar, a los flamencos. Y algo se quiebra entonces en el fluido encuentro que la obra venía desarrollando. Aunque el elemento japonés seguirá amagando, ha comenzado otra era. Y se festea, se baila por tangos, se golpean cajones, se pisa tierra, se curvan caderas. Ambas tradiciones aún se intentarán tocar, con las puntas de los dedos, en unas malagueñas y granaínas, en diálogo con ritmosos cantos folklóricos isleños. Y aún se esforzarán en no dejar oceános por medio en las alegrías. Un baile indiscutible. El baile esperable. El del ole. El de la tradición. El de la ovación. El de la ceremonia. El del ritual.

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