Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Juana Amaya, Juana la del Pipa...

Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Juana Amaya, Juana la del Pipa & Remedios Amaya [crítica y fotos]

"Defecto de forma", crítica por Silvia Calado Olivo del concierto de las tres veteranas flamencas en el Teatro de la Maestranza

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Defecto de forma

por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com

fotos © Bienal Flamenco Sevilla/ Óscar Romero


Tantos esfuerzos por la “dignificación” del flamenco, aún pueden irse al traste de un plumazo. Un defecto de forma es suficiente. Ignorar el contexto escénico, prescindir de dirección, descuidar lo técnico… son motivos de sobra para que este género artístico vuelva a padecer la desconsideración que creímos superada. Lo malo es que salpique a sus artistas. Y lo peor, que el daño se infrinja en un festival que se dice el más importante del mundo. La XX Bienal de Flamenco de Sevilla presentó como su penúltima propuesta en el Teatro de la Maestranza un triple cartel de veteranas mujeres: Juana Amaya, Juana la del Pipa y Remedios Amaya. Cada una hizo lo suyo. Durante minutos de espera, se cambiaron sillas y micros a telón abierto. Y ya está. Pero no hay a quien responsabilizar, más allá del festival, porque en este concierto triple nadie firmó la producción, ni la dirección, ni idea alguna.

Juana Amaya en la Bienal de Flamenco de Sevilla. Foto © Bienal de Flamenco / Óscar Romero

En el grandioso escenario estaban las artistas solas. Responsables de sí mismas en sus respectivos turnos. Juana Amaya bailó la soleá. Con esa mezcla suya de temperamento sanguíneo y tensa templanza, azuzada por el vehemente cuadro cantaor: Enrique el Extremeño, David el Galli, Manuel Tañé y El Pulga. Más Juan Campallo a la guitarra y Paco Vega a la percusión. Pero no quiso acaparar todo su espacio. Cedió parte a su hija Nazaret Reyes, que violentó su herencia por seguiriyas. Juana la del Pipa tomó asiento con disculpas preventivas. De su herrumbre vocal y su jerezana tradición fueron saliendo soleares y seguiriyas, con Raúl Moreno ‘El Perla’ al toque y sus niños Fabián y Tomás a las palmas. Después, los tientos-tangos con amagos de baile y pose de cuplé. Y se despidió en tercera persona, por bulerías: “Adiós, que se va la Juana”. Remedios Amaya también se curó en salud. Y si se sentó, fue por cubrir el expediente. Sentada junto a El Perla, apuntó apenas “los pícaros tartaneros”… Y ya estaba en pie. Con su túnica coral. Con sus pies descalzos. Y unos tangos inacabables, que fue un medley de todos sus tangos discográficos, con los coros de Las Peligro caldeando. Hasta incluyó la eurovisiva “Quién maneja mi barca”, que coreó el respetable a petición de la cantaora.

Juana la del Pipa en la Bienal de Flamenco de Sevilla. Foto © Bienal de Flamenco / Óscar Romero

En fin, que llevamos muchas bienales. Y es habitual el formato de cartel múltiple de origen festivalero. Pero ya hace mucho que la fórmula se había cuidado, sofisticado, escenificado, dirigido, conceptualizado, poetizado y hasta dramatizado. Y en este mismo escenario se han visto, disfrutado y aplaudido. Ya ni en el Hotel Triana, que no es un teatro de la ópera, sino un patio de vecinos, vemos conciertos presentados así. Y allí sí hay sillas de tijeras, ambigú de chapa y cielo abierto. Un ejemplar ejemplo fue el ‘Flamencos de la tacita’ que, entrelazando a muchos más artistas, solistas todos, dirigió Rosario Toledo. Dirección. Criterio. Forma. Respeto. Y, sí, también es cuestión de amor.

Remedios Amaya en la Bienal de Flamenco de Sevilla. Foto © Bienal de Flamenco / Óscar Romero

 

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