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Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. María Pagés, ‘Una oda al tiempo’ [reseña y fotos]

"Retornos", reseña por Silvia Calado Olivo sobre el nuevo espectáculo de la compañía de la bailaora y coreógrafa sevillana, que presentó en el Teatro de la Maestranza

Los retornos

por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com

fotos © Bienal Flamenco Sevilla/ Óscar Romero


A la vez que da paso a lo nuevo, la XX Bienal de Flamenco de Sevilla cumple con la veteranía. No hay presente, sin pasado. Ya sea lejano… o reciente. De este pretérito cercano deriva mucho de lo que hoy se considera futuro. Valga María Pagés como ejemplo. El primer espectáculo de la bailaora sevillana data de 1990. Lo cual quiere decir que esta compañía (privada) va ya para cumplir su tercera década, con veinte montajes viajados por el mundo, entre ellos, los tan emblemáticos ‘El perro andaluz. Burlerías’ (que aportó al repertorio de la Compañía Andaluza de Danza cuando la dirigió), ‘La Tirana’, ‘Flamenco Republic’ o ‘Sevilla. Además, por su elenco han ido pasando bailaoras y bailaores que son hoy y son futuro: Rocío Molina, sin ir más lejos.

María Pagés, ‘Una oda al tiempo’ (Foto © Bienal de Flamenco de Sevilla/ Óscar Romero)

En sus comienzos, tiró del maestro hilo de su maestro, Antonio Gades, para ir labrando un camino propio, con su inconfundible sello, con su arrollador ingenio, con su conciencia del público, con su rigurosa profesionalidad. Y siempre fue dando (sus flamencos) pasos conectada a otras artes y artistas: ‘Autorretrato’ a Baryshnikov, ‘Dunas’ a Sidi Larbi Cherkaoui, ‘Utopía’ a Oscar Niemeyer, ‘Ergo uma rosa’ a José Saramago. Todo lo cual ha ido definiendo una fórmula propia de espectáculo flamenco. El último fruto es ‘Una oda al tiempo’, con el que llenó, como siempre hace, el Teatro de la Maestranza (sea o no Bienal).

María Pagés, ‘Una oda al tiempo’ (Foto © Bienal de Flamenco de Sevilla/ Óscar Romero)

El montaje es producto de la factoría, una obra de género, cuya dirección se complementa con la dramaturgia y los textos del escritor marroquí El Arbi El Harti. El leit motiv de lo más universal (lo efímero, la eternidad, el péndulo), con las cuatro estaciones delimitando músicas, climas y escenas: primavera, verano, otoño, invierno. Que se concatenan, en la banda sonora de voces, guitarras, chelo, violín y percusión, con estilos flamencos como tonás y trillas, seguiriyas, soleares, alboreá, alegrías, cantes mineros… tonás y trillas. Y en ese marco, impecablemente iluminado y vestido, se engarzan fluidamente los dinámicos movimientos corales -para cuatro bailaoras y cuatro bailaores- marca ‘mariapagés’, con los solos de la protagonista: el sinuoso escorzo, el braceo infinito. Incluso retorna a su ya tradicional gag festero del cante-baile a compás. Y como en anteriores montajes, la vista sigue siendo el órgano privilegiado. De su fotográfico ojo salen deslumbrantes diseños corporales como el árbol de la vida que abre y cierra el círculo de esta compartible y temporal alegoría.

María Pagés, ‘Una oda al tiempo’ (Foto © Bienal de Flamenco de Sevilla/ Óscar Romero)

 

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