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Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Pastora Galván, ‘La edad de oro’ [reseña y fotos]

"Solo de bailaora sobre fondo negro", reseña por Silvia Calado Olivo de la reinterpretación que la bailaora ha hecho de la emblemática obra de Israel Galván

Solo de bailaora sobre fondo negro

por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com

fotos © Bienal Flamenco Sevilla/ Óscar Romero


Pastora Galván «nació» con ‘La francesa’. Ya era bailaora, pero dejarse dirigir por Israel Galván la individualizó, la hizo interesante, la transformó en artista. Después, la sintetizó en ‘Pastora’. No había historia, pero sí concepto. Y del galvánico lance, volvió a salir engrandecida. Pasado el tiempo y los estándares, vuelve al mundo de su hermano (y de Pedro G. Romero, claro) con motivo de la galvánica XX Bienal. Pero no encargándole algo a su medida, sino calzándose ella su zapato. Pastora suplanta a Israel en ‘La edad de oro’. Con este espectáculo, el bailaor retornó a la esencialidad flamenca: baile, cante y toque. Pero a su modo. Emprendió la aventura con Fernando Terremoto y Alfredo Lagos, tomando el testigo cantaor David Lagos cuando Terremoto dejó este mundo. Y batió récords, con cientos de funciones por todo el mundo. Dicho así, la cosa parece simple. Pero resulta todo lo contrario. Más aún, sin ser él. Valiente desafío.

Pastora Galván en «La Edad de Oro». Foto © Óscar Romero/Bienal de Flamenco

Pastora Galván se planta sobre el fondo negro. La bailaora sobre la bailaora. Sola ella. Y el silencio. Y ahí concentra todo el compromiso, la consanguineidad, la convicción. En cada paso, en cada escorzo, en cada mudanza. Está el hermano… pero lo danza ella, lo vive ella. Y no en los reconocibles gestos, ya tan suyos también -con su cadera, su poder, su mirada-, sino en las cuestiones de fondo. Desestructurar las estructuras. Comprimir los desarrollos. Despojar lo superfluo. Flexibilizar los cánones. Profundizar en lo jondo. Redoblar la apuesta en cada paso, en uno solo… perservando hasta dejarlo impreso. Lo mismo por pregones, que por soleá, por zambra, por bulerías, por malagueña, por abandolaos, por fandangos, por seguiriyas, por tangos, por cantiñas. Todo es un baile. Un solo baile. ¡Cuánto baile! Y lo va tejiendo en diálogo con la guitarra de Juan Requena y el cante de Miguel Ortega, impecables profesionales pero aún por desencorsetar en estos galvánicos menesteres. Y es preciso dar el paso, pues el devenir bailaor, expresivo y escénico está fundamentado en la comunicación del trío. Son juegos entre los tres: a veces sutiles y otras muy evidentes. La luz los va demarcando. Y también las sombras. Qué galvánica cuestión.

Pastora Galván en «La Edad de Oro». Foto © Óscar Romero/Bienal de Flamenco

 

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