BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2018 Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Compañía Salvador Távora, ‘Quejío’

Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Compañía Salvador Távora, ‘Quejío’ [reseña y fotos]

"El porqué del cante" es la reseña que firma Silvia Calado Olivo sobre la reposición de la comprometida obra de La Cuadra de Sevilla, estrenada en 1972

El porqué del cante

por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com

fotos © Bienal Flamenco Sevilla/ Óscar Romero


‘Quejío’ se estrenó en 1972. España estaba presa por la dictadura de Franco. El pan escaseaba tanto como la libertad. Aunque había escapatorias. Salvador Távora encontró el teatro del flamenco. Y aquella obra, la que haría germinar la compañía teatral La Cuadra de Sevilla, logró esquivar la censura. El director teatral me contó la razón en una entrevista que le hice hace casi veinte años. El cante la hizo libre.

«El cante era lo que más se escapaba de la censura porque, aunque se camuflara la letra, nunca se podía camuflar el dolor que tiene la voz. Y esa era una forma muy significativa y muy fácil de llegar, con el dolor de la voz».

«Quejío» de Salvador Távora. Foto © Óscar Romero/ Bienal de Flamenco de Sevilla

Los que nacimos después, ni vivimos aquel dolor, ni conocíamos de ‘Quejío’ más que sus potentes fotografías en blanco y negro. Nunca pensamos que pudiéramos verla escenificada de nuevo. Y ha sucedido en la XX Bienal, en el Teatro Lope de Vega, un anochecer tormentoso. Pues Távora entiende que «la situación del pueblo andaluz así lo requiere 45 años después». Quizás tenga razón. Aunque sean otros nuestros dolores. Otros nuestros grilletes. Aunque la censura sea autoimpuesta. Pero volvemos a emigrar. Y callamos.

‘Quejío’ nos representa porque, en cualquier circunstancia, clama por la libertad. Y lo hace con el flamenco teatralizado como vehículo expresivo. Tal como Távora me contó entonces, esta obra hizo entender que el cante «no era sólo un hecho virtuoso, sino que, como signo de comunicación, superaba el gesto, superaba la palabra… y solamente su tonalidad daba noticia del sufrimiento de un pueblo tan machacado como el andaluz».

«Quejío» de Salvador Távora. Foto © Óscar Romero/ Bienal de Flamenco de Sevilla

Por eso en su elenco lo que destaca es el compromiso: con el dolor, con la violencia, con la palabra, con la prisión. Los cantaores son Manuel Vera ‘Quincalla’, Florencio de Gerena y Manuel Márquez de Villamanrique. El guitarrista es Jaime Burgos. El bailaor es Juan Martín. La mujer es Mónica de Juan. Van vestidos para el trabajo. Van rodeados de aperos. Van cargados de sufrimiento.

El dolor impregna los diez cuadros. Todos los cantes duelen. Martinete. Trilla. Taranto. Alboreá. Seguiriya. Petenera. Hasta la bulería duele. Y tanto la dramaturgia como la puesta en escena no hacen sino enfatizar ese sufrimiento. El sonido de la cadena. La piedad imaginera de la mujer enlutada que enjuga el sudor del hombre. Las sombras. Los candiles. El camino del que emigra. Y esas cuerdas apresando las manos que, por más que se tensan, nunca se quiebran.

«Quejío» de Salvador Távora. Foto © Óscar Romero/ Bienal de Flamenco de Sevilla

«¡Viva Andalucía libre!». Alguien lo gritó desde el aterciopelado patio de butacas cuando, al fin, los labradores, mineros, obreros, cantaores… se desprenden de sus sogas. La libertad. Por la libertad. Por eso es el cante. Por eso a Salvador Távora siempre le «ha preocupado más por qué se cantaba que cómo se cantaba».

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