BAILE Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Patricia Guerrero, ‘Distopía’

Bienal de Flamenco de Sevilla 2018. Patricia Guerrero, ‘Distopía’ [reseña y fotos]


Inquietudes cercanas

por Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com

fotos © Bienal de Sevilla/ Óscar Romero


Entre que no es esta vigésima una Bienal muy pródiga en novedades bailaoras, y que ‘Catedral’ fue Giraldillo al Mejor Espectáculo de la pasada edición, la expectación que consiguió despertar el estreno de la ‘Distopía’ de Patricia Guerrero en el Teatro Central era máxima. De nuevo apoyada en la dirección escénica y la dramaturgia de Juan Dolores Caballero, la bailaora granadina prosigue embarcada en la teatralidad. Menos ampulosa que la precedente, más limpia estéticamente, esta nueva obra plantea otras abstracciones, aunque inquietudes cercanas. Prescinde de contexto definido, optando por ambientes casi en blanco y negro. Y ella ocupa el centro. No es que esté sola, sino en relación con otros elementos (bailaor, bailarín, soprano, trío musical, luz), pero sobre la joven artista recae el peso interpretativo, expresivo y, sobre todo, dancístico. El baile de esta guerrera es extraordinario. En cada giro, en cada quiebro, en cada fraseo del pie, lanza un reto a su propio cuerpo. Lo lleva expresiva y físicamente al límite: rigurosa, vehemente, veloz, voraz. Y siempre sale victoriosa.

Patricia Guerrero en el estreno de ‘Distopía’ en el Teatro Central. Foto © Óscar Romero / Bienal de Flamenco

Aunque en ‘Distopía’ tiene su baile que hacer sacrificadas concesiones a la interpretación de ese extraño personaje de mujer, con abrigo aristocrático, que el guión no consigue definir. Con ayuda del programa de mano, alcanzamos a entender que está atrapado por la mecánica pauta, por el patriarcado, por el amor y por la locura. Y esos anchos temas, que no necesariamente son distópicos, configuran el desarrollo de las escenas, definidas visualmente por la iluminación y musicalmente, por una banda sonora compuesta con coherencia por Dani de Morón, a la guitarra en directo junto a la percusión de Agustín Diassera, el contrabajo de José Manuel Posada ‘Popo’ y el cante de Sergio el Colorao.

Patricia Guerrero en ‘Distopía’. Foto © Óscar Romero / Bienal de Flamenco

El cuadro inicial es una “utopía” del revés: a modo de alienante cadena de montaje grupal. Percusión. Rutina. Claqueta. La segunda es la fuerza, insistentemente visualizada en los bíceps de los tres bailarines: los de ella y los del bailaor Ángel Fariña y el bailarín Rodrigo García. Un acto que contiene una de las intervenciones más señaladas de la artista: la soleá ‘Soledad’ con cola de bata y camino de luz sin salida. La tercera es el amor, con el refrescante toma y daca -en rojo- de la cantante lírica Alicia Naranjo y la bailaora: voz contra tacón, tacón contra voz. Y la última es la ‘Locura’, con sus “Cantiñas del carril”, con su ir y venir, con su torsión entre la esperanza y la vencedora angustia: que le corrompe el gesto, que le agarrota las manos, que la extenúa… sin que entendamos por qué. ‘The Handmaid’s Tale’ sí es, por tomar un ejemplo a mano, una distopía. Y aquí la referencia a Tomás Moro no está justificada.

Vista de ‘Distopía’ en Teatro Central. Foto © Óscar Romero / Bienal de Flamenco

 

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