Especial. ‘Firmamento’ de Rocío Márquez, tema a tema

Especial. ‘Firmamento’ de Rocío Márquez, tema a tema

La cantaora de flamenco publica nuevo disco con Proyecto Lorca, Raúl Refree como productor y la colaboración del creador Pedro G. Romero

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Rocío Márquez publica nuevo disco: ‘Firmamento’. Y nos invita a pensar en esta colección de canciones como “una constelación de estrellas”. Una a una, se cuentan en este texto del creador Pedro G. Romero que contextualiza un álbum fraguado junto al trío instrumental Proyecto Lorca (el pianista Daniel Borrego, el saxo Juan M. Jiménez y el percusionista Antonio Moreno), colaboradores habituales de Israel Galván; y al productor Raúl Refree. Como en ‘El Niño’, su particular mirada al universo de Pepe Marchena, sigue un camino que traduce el flamenco a un “lenguaje contemporáneo y socialmente más actual” como música tradicional. Y en esta entrega discográfica su mensaje viene definido en letras de marcado contenido social: algunas son suyas y otras de autoras contemporáneas como María Salgado, Christina Rosenvinge o Isabel Escudero.

Rocío Márquez, 'Firmamento'
Rocío Márquez, ‘Firmamento’

por Pedro G. Romero

El primer rayo de luz. Tangos.
“Se trata de una composición de la propia Rocío Márquez, de su infancia. Es importante empezar por el principio. El flamenco que se coló en sus oídos. Hay retazos de Lole y Manuel, de Camarón de la Isla, de las tonadas populares alosneras. El optimismo de su letra viene de ahí, un día feliz en el campo, como cuando éramos niños. Es un paseo idílico, sí, con la primera luz de la mañana. El sol oculta la luna y las estrellas del despejado cielo”.

Gritos sordos. Milonga.
“Ha pasado el día. Ha pasado la infancia. Aquí hay una escucha atenta al Niño Marchena. Piensen en ese saxo, el Negro Aquilino redivivo. Hay una emancipación tranquila, sí. La experiencia de andar por el mundo sola. La sencillez es absoluta. Es una escucha adolescente. Esta milonga es una escucha del oído interno. Vemos las notas llegar hasta la cóclea, revolverse en esa espiral de caracol que le da el aire cubano. Consejos, recomendaciones, órdenes, pero manda el oído, la música interior”.

Alegrías y pesares. Bulerías.
“Vuelve Rocío Márquez a explicarse, porque la bulería está teñida de soleá. Se evoca sí, al Enrique Morente que, con la guitarra de Alfredo Lagos, acomete magistralmente la Granada de Albéniz: que el camino no críe hierba. Es una modulación anímica. También está la piedra que pierde su centro y la dimensión que le dio Morente a este clásico de la Niña de los Peines. Se trata de eso, de modular la tristeza, incluso de politizarla. La bulería es una rítmica, no la obligación finisecular de la charanga y la pandereta. Es entonces una bulería triste, abandonada en un aire de copla. Uno nota, por ejemplo, que Manuel Alejandro escucha flamenco no por el remedo de su son, más bien es por su chapoteo en la metáfora, en la intensidad líquida del cante”.

Tierra y centro. Minera.
“Aquella colaboración de Rocío Márquez con los mineros de Santa Cruz del Sil, en el Bierzo. Pocos saben que estos leoneses fueron los repobladores del norte de Huelva, de las minas del Andévalo. Georges Didi-Huberman escribió una emocionante semblanza de aquel gesto en Sentir le grisou. La minera se ha cruzado con la versión que hizo Gloria Van Andersen del “No hay carreteras sin barro”, canción popular asturiana que popularizara Víctor Manuel, también las Folk Songs de Luciano Berio acuden a los arreglos. Se trataba de ver el firmamento reflejado en el vientre de la tierra. Didi-Huberman cuenta una particular experiencia política: las jornadas de mayo del 68 las pasaría encerrado solidariamente con un grupo de mineros. Por eso se oyen los pasos del pueblo sobre el suelo de la cueva. Las estrellas adornando el cielo de la caverna”.

Son flúor tus ojos. Fandangos de Huelva.
“A María Salgado se le mandaron unos fandangos de Encinasola, su letra típica, su estructura, su ritmo. Figúrense ustedes que Gertrude Stein hubiera acometido la escritura de un fandango, ella, él, ¡la escritora americana que se inventó la españolidad de Picasso! Como en la ciencia ficción, muchas veces hay que viajar al pasado para describir el futuro. La orquestina suena como en los fandangos cubistas de Marchena, evocación de la vanguardia de los años 30, pero el paisaje que describen no es otro que el desierto yermo en que han convertido las industrias químicas a la Ría de Huelva. Como dice Fredric Jamenson, las ficciones futuristas nos ayudan a imaginar nuestro presente. Lo que se describe es un crimen, delito ecológico, se nos antoja un eufemismo. La belleza del paisaje es venenosa”.

Destierros. Bambera.
“La genialidad de Enrique Morente nos dejó una bambera, una variación sobre la bambera, con el “Muero porque no muero” de San Juan de la Cruz. Fue a primeros de los 80, para el ballet Obsesión que había compuesto su compadre Armin Janssen, Antonio Robledo para los amigos. La compañía Flamencos en route la estrenó con el Ballet Nacional de Canadá. Es importante el giro, claro, tomar la letra hermana de Santa Teresa, su “Muero porque no muero”, y andar las diferencias. Es maravilloso este préstamo literario entre poetas místicos en tiempos donde la autoría de la poesía aún era hija del lenguaje. Autor era todavía el que interpreta”.

Almendrita. Romance.
“El texto se lo pidió Rocío Márquez a Christina Rosenvinge. Hay algo en las letras de Bob Dylan, en las letanías de Nick Cave, en los salmos de Patti Smith, algo que remite a nuestros viejos romances. Claro que resuena el “Gerineldo” del Negro del Puerto, ancestral e impresionante. Jesús Ordovás lo incluyó, con razón, en el nacimiento del rollo radical en la música rock española. Es una historia cruda, un despertar sexual lleno de violencia. Violencia de género. Violencia contra las mujeres. El clima musical es nocturno, una noche cerrada, sí. La vida y la alegría crecen, a veces, a contrapelo”.

Este firmamento. Seguiriya.
“Más cerca de Juan de Mairena que de Demófilo, la poesía de Isabel Escudero es profundamente flamenca. Tengo que decir que para el que esto escribe es una de las grandes poetas del presente. Claro que están Antonio Machado, José Bergamín y Agustín García Calvo pero sus paradojas cosen, no desgarran. Es extraño el placer que producen estas seguiriyas, letras paradójicas, en la garganta de Rocío Márquez. Ella ha escogido la incertidumbre. No se trata de la queja ancestral ni del grito moribundo. El desasosiego viene de la paradoja filosófica, de andar a trasmano por el mundo. ¡Uff! Atiendan a la rítmica, ¡lo que han aprendido los Proyecto Lorca con Israel Galván!”

Voces. Alegrías.
“Las paradojas ahora vienen de la propia escritura de Rocío Márquez. Se trataba de dar la vuelta al saber popular, el maltratado refranero. Como las bulerías, estas alegrías tienen un sentido grave. Es importante subrayarlo, las rítmicas en el flamenco construyen un sentido musical pero no obligan. Las bulerías no tienen que ser burlonas ni las alegrías alegres. En ese mismo sentido, la letra va repasando los lugares comunes que se le asignan a la voz popular. Los refranes han ido mutando hasta que los paró el refranero y la policía castiza quiso convertirlos en una suerte de derecho consuetudinario. Pero no, las voces siguen dándole vueltas a las cosas, buscando su revés, las vueltas”.

Si yo me duelo. Caracoles.
“Antes de encargarle esta letra a Isabel Escudero, escuchamos una extraña pieza de Isidoro Valcárcel Medina. El artista había invocado el tópico que relaciona los Caracoles con los emigrantes andaluces subiendo por la madrileña calle de Alcalá, una maravilla en la garganta de Antonio Chacón. Ese como relucen que emociona a Isabel Escudero para evocar a los refugiados, los nómadas y los emigrantes. En el flamenco hay un prestigio del vagabundo, del andarríos, del trashumante. Y claro, esas almas libres que vagan por los campos de Europa son también prisioneros. Otra paradoja lacerante, claro. La alegría de vivir no disuelve los males del mundo. Baila niña baila, veras como reluce el caos bajo tus faldas”.

La dulce tiranía. Seguidilla.
“Un pequeño respiro. Este tema es como una ventana desde la que contemplar el resto del disco. Desde aquí vemos los destellos en la noche donde se confunden los caseríos lejanos y las estrellas que va borrando la lluvia. La seguidilla fue compuesta por Salvador Castro de Gistau y publicada en París a mediados del siglo XIX. La letra aparece ya en la Selección de seguidillas, tiranas y polos que se han compuesto para cantar a la guitarra que da a la imprenta en 1803 el vasco Juan Antonio de Iza Zamácola, conocido entre la afición como Don Preciso, con la intención de frenar la influencia de las coplas de procedencia italiana y de la retórica de la poesía en boga en el país. Escuchen la belleza de los timbres que acompañan la letra y la melodía. Los sublime y lo material se expresan a la vez. Una canción sencilla. Las palabras y las cosas”.

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