Flamenco Biënnale Países Bajos 2017. Rocío Molina, ‘Caída del cielo’

Flamenco Biënnale Países Bajos 2017. Rocío Molina, ‘Caída del cielo’ [reseña y fotos]

Reseña del nuevo espectáculo de la bailaora y creadora en el Muziekgebouw aan't IJ de Amsterdam, con fotos de Daniel M. Pantiga

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Reseña por Silvia Calado para Globalflamenco.com
Fotos © Daniel M. Pantiga


Una mujer… y el vacío. Una nube, la arena, el infinito. Rocío Molina abre ‘Caída del cielo’ preciosa, dibujada, con su rostro redondo y su impoluta bata blanca de volantes de almidón. Aquí bailar es respirar. Y reptar y expandir el torso y mover los dedos de los pies. Aquí bailar es observar al público. Formas que van hacia la sierpe. Formas que buscan el cristal. ¿Asesinada por el cielo? El poema lorquimorentiano en versión ‘Omega’ (batería, bajo, guitarra eléctrica) prologó la escena. Después, el silencio. Los cráteres de la luna. Y el cuerpo desnudo. No hay nada detrás de la desnudez. ¿O sí?

Rocío Molina con 'Caída del cielo' en Amsterdam (Foto © Danielmpantiga.com)
Rocío Molina con ‘Caída del cielo’ en Amsterdam (Foto © Danielmpantiga.com)

Un hombre en chandal la cubre. Y bajo la bata, se enfunda malla blanca y chaquetilla torera. La luz amarillea y el espacio neutro, ¿parece un ruedo? Oruco en un extremo aprieta el compás. José Ángel Carmona, en el otro, le canta y canta liviana-serrana. Y ella, que es toro y torera, caballo y picador, les brinda un baile a muerte, hincando las rodillas en el albero. Como en aquel memorable ‘Impulso’ de la bodega jerezana de La Concha en el pasado Festival de Jerez. Hipercontrol corporal, hipercontrol rítmico. Hiperbailaora. 

Entonces es posible la parodia. Porque se ha desnudado. Porque se ha muerto. Porque no hay miedo.

Rocío Molina en la Flamenco Biënnale Países Bajos 2017 (Foto © Danielmpantiga.com)
Rocío Molina en la Flamenco Biënnale Países Bajos 2017 (Foto © Danielmpantiga.com)

Mientras sus hombres comen patatas fritas, se enfunda un cinturón de castidad y un sombrero cordobés. La última bolsita es el candado y el objeto de deseo. Y bromea danzando, entre sones de farrucas y garrotines, entre lo erótico, lo cómico, la gula, la contención. El deseo. Pero aún irá más allá en ese crescendo rítmico que le azuza Pablo Martín con las baquetas en el suelo. Y la lía a escenario lleno con un palo o bastón o pértiga o falo. Mientras, el cantaor milonguea el “agua dulce por salobre”, que la banda llevará -no sabemos cómo- a ‘La leyenda del tiempo’ camaronera. Y ella que se revuelca y se levanta y corre en un bucle que crece y crece.

Rocío Molina, 'Caída del cielo' (Foto Danielmpantiga.com)
Rocío Molina, ‘Caída del cielo’ (Foto Danielmpantiga.com)

Lo quiebra la guitarra flamenca de Eduardo Trassierra. La música es dulce dolor. Y mientras suena, ella se viste una falda plástica chorreante de sangre. Con ella va dibujando un rastro en el suelo, que se proyecta -mirada desde el cielo- en la pantalla de fondo. Como mujer, nada hay que explicar. Es nuestro cuerpo. Es nuestra vida. “Al elegir vivir, elegimos sufrir”, dijo un rato después en el encuentro con el público. Pero, por encima de todo, elegimos luchar. Y esa es la soleá que baila tras el lavatorio de pies -hecho con ternura por hombre arrodillado- y la vuelta al vestido. Es una soleá que se sobrepone al dolor, una soleá de empoderamiento. Con su rock y su piedra y su centro. A muerte hasta el total descenso… que es vuelta al ascenso. Aunque, por el camino, nos entretenemos. Y está lo báquico y lo kitsch y la flor y el rumbeo. ¿Que no? ¡Pues toma rumba!

¿Alguien quedó indiferente? Me temo que no. La mayoría de la audiencia de esta Flamenco Biënnale Países Bajos 2017 convocada para participar de esta nueva creación europea de la Molina -que vuelve a dirigirle Carlos Marquerie- acabó dando palmas a compás, flipando con la niña en modo Singla que les tiraba flores por los pasillos, mientras sus particulares Chunguitos la formaban en el escenario del Muziekgebouw aan’t IJ. What a show! Ole. Y ole. Wow. Risas. Aplausos. Expresaos, expresaos. Es lo que ella quiere, que “el público sienta emociones, no me importa las que sean”. Pues si ella es “libre de hacer lo que quiera en el escenario, el público es libre de aplaudir, abuchear, aburrirse”. Ante todo eso, la libertad.

Rocío Molina, 'Caída del cielo' (Foto © Danielmpantiga.com)
Rocío Molina, ‘Caída del cielo’ (Foto © Danielmpantiga.com)

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