¡Tomatito es la bomba!

¡Tomatito es la bomba!

Reseña del concierto que ofreció el guitarrista en la Bienal de Sevilla 2016, con Jorge Pardo como artista invitado

Compartir

por Silvia Calado para Globalflamenco.com


A ver cuándo en España nos damos cuenta de que la guitarra flamenca mola. No digo que es preciosa, ni hermosa, ni maravillosa. Digo que mola. Vamos, que es la bomba, por parafrasear a Iñaki Gabilondo. La prestigiosísima voz del periodismo serio acaba de declarar que “el flamenco es una bomba atómica cultural”. Aunque, al tiempo, sigamos constatando que en los medios de comunicación del país lo tratan -salvo contadas excepciones- como un petardo de peseta. El caso es que acabo de salir del concierto de Tomatito un tanto aturdida por la explosiva energía del maestro de la guitarra flamenca. Y creo que todo el Teatro Lope de Vega. Aturdidos y de subidón en esta fresca noche de Bienal de Sevilla mucho más comprometida, que en previas ediciones, con la guitarra.

Tomatito en el Teatro Lope de Vega. Foto © Bienal de Flamenco de Sevilla
Tomatito en el Teatro Lope de Vega. Foto © Bienal de Flamenco de Sevilla

Tal como ataca las cuerdas, atacó a la audiencia, entregándole dos horas continuadas de toque impetuoso, rítmico, cañero. Tardó en calentar lo que dura el viaje por la rondeña: que es el vehículo al que te sube para no dejarte nunca más bajar. Y partiendo de la evocación, fue dejando espacio al carácter. Pero sin irse por las ramas, más bien a la raíz. Así encaró la soleá, enraizada, profunda… tan flamenca. Sólido punto de partida para las detonaciones que estaban a punto de venir. Con cinco cantaores al lado sólo para hacerle compás (Antonio Vargas ‘Potito’, Simón Román, El Ingueta, Kiki Cortiñas, Mari Ángeles Fernández), disparó las alegrías. Impetuosas, vivas, soliviantadas. Y sacó más wow! que oles. Lo mismo que en la bulería lenta… pero bestial en lo rítmico. La compaña, comprendimos, no era para enmascarar nada. El centro y el todo era Tomatito, era su guitarra. Y así siguió siendo hasta la explosión central (que no final). La dinámica de su toque, lo amplio, lo diminuto, los silencios, los recortes, los juegos… Y esas joyas musicales que están en su discografía, como el ‘Two much’ de ‘Spain’ (2000), el disco con Michel Camilo que, precisamente, presentó a Sevilla en este mismo teatro (y al mundo entero en muchos otros). En esta ocasión, la hizo más familiar: con José del Tomate como segunda guitarra-voz. Qué belleza.

Tomatito y Jorge Pardo en el Teatro Lope de Vega. Foto © Bienal de Flamenco de Sevilla
Tomatito y Jorge Pardo en el Teatro Lope de Vega. Foto © Bienal de Flamenco de Sevilla

El invitado especial sólo vino a añadir neutrones. Apenas unos meses después de tocar ‘Huellas’ en estas tablas, Jorge Pardo se incorporó con la flauta travesera para rendir tributo a Camarón con su ‘Leyenda del tiempo’, en cuya mítica grabación ambos participaron. Qué bestias. Qué intensidad. Pero el diálogo también podía ser íntimo, hondo, casi privado. Y se quedaron sólos para cantarse y tocarse por mineras. La flauta rozándose la voz. La sonanta, mimándola. Pero la banda volvió a formar… y a formarla. Esta vez, con una trepidante rumba que, azuzada por la percusión de Piraña, hizo de nuevo gritar al respetable. Y la guitarra siempre en su eje, más espectacular, más vibrante, más nueva. Llegó entonces la hora de dar voz a las voces, en especial, la de Potito. Con su rajo punzante, con su cálido dolor, hincó la seguiriya. La acompañó el tocaor con la gravedad precisa. Aunque la penumbra fue un suspiro: enseguida, el viraje a tangos, la luz cegadora, el compás contagioso.

¡BOOOOOOOOOOOOOOOOOM!

El resto fue onda expansiva…

Flamencoymas.com -Tienda online de Flamenco