CANTE ESPECIAL. ¡Ay, Camarón!

ESPECIAL. ¡Ay, Camarón!

2 de julio de 1992. Aquel día murió Camarón. Aquel día se le abrió al flamenco una herida que no cicatriza

por © Silvia Calado Olivo para Globalflamenco.com


2 de julio de 1992. Aquel día murió Camarón. Aquel día se le abrió al flamenco una herida que no cicatriza. El de La Isla es aún llorado por toda una generación de jóvenes cantaores que, sin remisión, ha seguido su estela; por toda una legión de fans que, lejos de disminuir, aumenta; por una industria discográfica necesitada, más que nunca, de artistas geniales; y, sobre todo, por quienes fueron sus compañeros y, más especialmente, los dos que fueron escuderos de su cante: Paco de Lucía y Tomatito. Hoy el homenaje se lo vamos a rendir, para adentro, todos aquellos que aún nos estremecemos con su manera de entender, desde su tiempo, desde su persona y desde su libertad, el flamenco.

Camarón (foto © Mario Pacheco)
Camarón (foto © Mario Pacheco)

No había entonces Facebook ni Twitter, ni sabíamos que era un hashtag ni un whatsapp. Ni siquiera teníamos teléfonos móviles. Era aquel año de una esplendorosa España que, a la vez, celebraba las Olimpiadas en Barcelona y una Exposición Universal en Sevilla. Allí, en la recién descubierta Isla de la Cartuja, se esperaba un concierto suyo… pero nunca llegó. Así que tuvimos que conformarnos con verlo en aquella pantalla gigante, la Jumbotron de Sony, que nos maravillaba a los adolescentes de entonces, cantando en ‘Sevillanas’ de Carlos Saura. “Ya se van los marineros”, decía quejumbroso cada tarde-noche mientras se iba arremolinando el público que, gracias al mucho-más-barato pase de noche, aprovechábamos el último rato para entrar a la carrera en los pabellones y para, después, asistir a los conciertos de la Plaza Sony. El suyo, nunca fue.

Lo que pasó ya lo sabemos todos, sea como fuere que nos enterásemos. Hay libros biográficos, hay libros especulativos, hay libros oficiales y hasta hay un libro libre, el que le escribió Carlos Lencero poco antes de ir a su encuentro. Y hasta hay una biopic, con su punto romántico y todo. A todo ello, se suman las muchas declaraciones de bar de quienes dicen haber estado a su lado cuando sucedió tal o cual anécdota de las muchas que jalonan su historia. El caso es que se fue… antes de tiempo. Al menos, antes de que nos diera tiempo a asimilar lo que había venido a hacer con el flamenco: revolucionarlo.

Y no es que sus cuarenta y dos años de vida no le cundieran. Fueron cuarenta y dos años que bien podrían tomarse por cien. Publicó unos veinte discos, casi todos ellos de estudio. Los primeros, casi uno por año, se centraron en el repertorio clásico, junto a su alter ego guitarrista, Paco de Lucía, ambos comandados por el padre de este: Antonio Sánchez Pecino. Después, llegó la ruptura. ‘La leyenda del tiempo’ supuso un punto de giro no sólo para él y para el flamenco, también para la música española. Los intríngulis de aquella producción, que firmó Ricardo Pachón, han sido hasta objeto de un documental: ‘Tempo de leyenda’ de José Sánchez Montes. Ya sólo las fotos que en él se muestran, con un Tomatito casi barbilampiño y aquellos hippies-flamencos, dan idea de lo que allí se coció. Y eso que nunca fue un disco superventas.

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Portada del disco ‘La leyenda del tiempo’

Camarón saltó a las listas de ventas con ‘Soy gitano’ en 1989, la más cara producción discográfica del flamenco hasta el momento. Y desde entonces, empezó a encadenar éxitos, macroconciertos, noticias en los medios… y, al tiempo, a engrandecer su leyenda. Aunque las ventas de sus discos en vida nunca superaron las cuatrocientas copias, José Monge Cruz se convirtió en un ídolo de masas que llenaba estadios y plazas de toros. Pero a más crecía su fama, más se deterioraba su cuerpo. Y con ‘Potro de rabia miel’ todo acabó. A partir de entonces, el mito. Llegaron los primeros discos póstumos como el directo ‘París 1987’. Rebuscando y rebuscando en los archivos, se fueron publicando en los últimos años materiales inéditos que han causado furor entre sus fieles seguidores. Uno fue la ‘Antología inédita’. Otro, ‘Venta de Vargas’. El siguiente, la grabación del último concierto, que tuvo lugar en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid un 25 de enero de 1992. A la vez, se ha ido distribuyendo todo tipo de merchandising, más ilegal que legal (¿pero quién controla los derechos de un mito?) que va desde las camisetas con su rostro a lo Ché, hasta los bustos de escayola pintados con efecto bronce que pueden encontrarse en más de un mercadillo. Por no hablar de los stencil graffiti que hay por más de un muro de muchas ciudades españolas con su rostro silueteado y el letrero: “Camarón vive”.

¿Y por el mundo? Pues también tiene su grandeza. En su juventud, fue en la troupe del Festival Flamenco Gitano que los empresarios Lippmann & Rau promovieron en Alemania. En su madurez, hizo las delicias de la afición francesa. Allí cantó en el Cirque d’Hiver, como quedó recogido en el citado disco en directo. Y una de las fotos más emblemáticas, la de su mano tatuada y colmada de oro, la tomó el fotógrafo francés Jean-Louis Duzert en el Festival Flamenco de Mont de Marsan. Quienes nos encargamos de difundir el flamenco desde Internet bien sabemos las pasiones que despierta por todo el mundo. ¿Y quién no ha paseado por el Gran Bazar de Estambul y ha escuchado su voz en un puesto de cintas de cassette? Yo, sí.

Y si son muchos los que visitan a diario la tumba de Jim Morrison en el cementerio Père Lachaise de París, no son pocos los que se acercan al de San Fernando, su ciudad natal, a visitar la suya. El ayuntamiento hace años que diseñó una ruta turística que recorre los lugares de su infancia y juventud, con epicentro en la  Venta de Vargas. En proyecto está hacer de la casa familiar una Casa Museo. Y en proyecto se quedó, salvo por unos pocos actos, rendir homenaje al cantaor en el aniversario de su muerte. Como relató Fermín Lobatón en ‘El País’, en el pleno municipal se acordaron dos puntos: esperar a 2017 para celebrar los 25 años en condiciones y no volver a usar a Camarón como tira-y-afloja político. Acabáramos.

camaron_antologiaSí que fue notable aquella gala ’20 años Camarón’ de la Bienal de Sevilla 2012, reuniendo a herederos directos como Duquende y Remedios Amaya. Dos años después, se estrenó y emprendió gira nacional el musical ‘Eterno Camarón’, dirigido y coreografiado por Javier Latorre, y con la intervención de jóvenes artistas como Pedro el Granaíno, Eduardo Trassierra o Gema Monje, su hija. Aunque, en realidad, son muchos, muchísimos, los homenajes que constantemente se le rinden a Camarón, no importa que las fechas sean redondas. ‘Luz de guía’ tituló Tomatito el último concierto de su banda; se sobreentiende quién es ese faro suyo. El de Paco de Lucía fue, igualmente, un tributo perpetuo. A Camarón hizo extensivos los más grandes reconocimientos de su carrera: el Príncipe de Asturias de las Artes y el Honoris Causa de Berklee. Sara Baras está llenando teatros por el mundo con ‘Voces’, que incluye tributo a la figura de Camarón. Poseídas por el camaroneo tienen las gargantas cantaores como Duquende, Diego el Cigala, Potito… Y aún quienes se han afanado en buscar otros referentes, han acabado rondando a Camarón. Miguel Poveda versionó ‘La leyenda del tiempo’ en su espectáculo ‘Historias de viva voz’. David Lagos tituló su disco debut ‘El espejo en que me miro’. Lo cual, de paso, es señal de que, pasados veinte años, se va superando el tan enconado como absurdo debate entre camaroneros y no-camaroneros. Camarón ya es un clásico.

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