BAILE Festival de Jerez 2015. María del Mar Moreno, ‘Soníos negros’

Festival de Jerez 2015. María del Mar Moreno, ‘Soníos negros’

No fue precisamente un “happy end” el del Festival de Jerez 2015. Ya había habido esa mañana un entierro real que tenía conmovido los presentes, el de Pilar la Faraona. Y ‘Soníos negros’ concluyó con otro de ficción y de la memoria. Porque es el entierro de Manuel Torre la escena final, con su cortejo, su campana aciaga, su gallera-nicho. Porque es la muerte la que motiva la palabra, la acción, el baile, el cante y el toque de la obra que estrenaba María del Mar Moreno. Una obra que es, entera, una seguiriya.

María del Mar Moreno y Antonio Malena 'Soníos negros' (foto Javier Fergó/ Festival de Jerez)
María del Mar Moreno y Antonio Malena ‘Soníos negros’ (foto Javier Fergó/ Festival de Jerez)

 

Pero no una seguiriya cualquiera, sino una que funde en uno solo los lenguajes del teatro y del flamenco, tal como los entienden, de un lado, Gaspar Campuzano (y/o La Zaranda) y, de otro, el “colectivo” Jerez Puro. Con el texto de Paco Sánchez Múgica como nexo de unión. Nunca sido fácil lograr ese equilibrio… intentos, ha habido muchos. Pero quizás aquí se daban condiciones que lo permitían, de concepto y de coherencia. Pues es creíble para una compañía como esta contar la historia de un personaje como él. Los tres cantaores en los que se desdobla el personaje lo llevan, irremediablemente, siempre consigo: Antonio Malena, Manuel Malena y El Tolo. Por tanto, en eso, nada había que forzar.

María el Mar Moreno por alegrías en 'Soníos negros' (foto © Javier Fergó/ Festival de Jerez)
María el Mar Moreno por alegrías en ‘Soníos negros’ (foto © Javier Fergó/ Festival de Jerez)

María es una bailaora que se mueve como consecuencia del cante. Y más, por ese cante jerezano desgarrado y sombrío que se mira en ese tótem que es Manuel Soto Loreto. Porque hasta por alegrías, mantiene ese carácter. Y así las bailó ella, dándole, además, pausa de foto sepia. La farruca (de la ausencia) y el taranto (enjaulado), que tenían más carácter dramático que dancístico, fueron las escasas novedades de registro. Seguiriya, soleá por bulería, soleá y bulería eran las suyas, sus bailes de siempre. Con su toque de siempre. Pero en un contexto en el que significaban otra cosa, en el que se querían contar otras cosas. No sólo sobre Manuel Torre, sus rarezas, sus gallos y sus silencios, sino también sobre Antonia la Gamba, sobre la mujer que estuvo en su vida y su muerte. Sobre la mujer (andaluza) sumisa, engañada, pobre y oprimida. No carga ella con el peso de la interpretación, aunque tiene ciertas frases que apoyan la dramaturgia, sino que tiene a las actrices Ana Oliva y María Duarte para abordar teatralmente a ese personaje que, entre las tres, nos guía en la historia con su recuerdo, su baile y su lamento.

María del Mar Moreno y El Tolo en el taranto de 'Soníos negros' (foto © Javier Fergó/ Festival de Jerez)
María del Mar Moreno y El Tolo en el taranto de ‘Soníos negros’ (foto © Javier Fergó/ Festival de Jerez)

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