BAILE Festival de Jerez 2015. María Pagés, ‘Yo, Carmen’

Festival de Jerez 2015. María Pagés, ‘Yo, Carmen’


texto © Silvia Calado para Globalflamenco.com


Yo tampoco me creí nunca el mito de ‘Carmen’. Como mujer del siglo XXI, me niego a comprar la idea decimonónica de «libertad» femenina de la novela de Merimèe y la ópera de Bizet. Porque al final, ella muere. Por mala. Y eso no se ha contestado en ninguna de las muchas versiones que, desde el flamenco, hemos visto. Lo ha hecho ahora María Pagés. Y vino a mostrarlo al Festival de Jerez 2015, tras los estrenos en Valladolid y Singapur. ‘Yo, Carmen’ no cuenta esa historia, sino una contraria. La bailaora y coreógrafa sevillana da voz y gesto a las anti-carmen del mundo. Y lo hace desde un código dancístico muy personal que va de la poesía a la ironía, siempre desde la expresión corporal de un flamenco entendido con la amplitud de la danza.

María Pagés 'Yo, Carmen' ©Danielmpantiga.com
María Pagés ‘Yo, Carmen’ ©Danielmpantiga.com

 

La plasmación de esa respuesta suya es, como siempre en su compañía, impecable de factura: iluminación, vestuario, fotografía (que la tiene, como el cine), escena, música. Todo ello impregnado de una sencilla desnudez. La mujer es el centro de todo, como ser único y como colectivo. La mujer que lee, la mujer que lucha, la mujer que piensa, la mujer que escribe, la mujer independiente, la mujer sensible… y también la mujer condenada al hogar y la belleza. En estas dos últimas incidió con sendos pasajes cargados de ironía, un carácter que siempre ha sido seña propia. Sólo su ingenio es capaz de transformar un manojo de trapos en mantón y moverlo por alegrías con la misma dignidad que si fuera de seda. Y el tanguillo ahí quedó: toda una proclama contra la dictadura de la delgadez y la forzosa juventud.

María Pagés 'Yo, Carmen' ©Danielmpantiga.com
María Pagés ‘Yo, Carmen’ ©Danielmpantiga.com

 

En todo momento, los objetos fueron tan parte del espectáculo como las siete bailaoras, usándolos con vistosos trucos de magia… a lo Méliès. Así se viste y desnuda ante el espejo. Visual y mágicamente. Junto a los objetos (libros, abanicos, escobas, bastones…), adquiere crucial importancia la palabra dicha, con poemas de escritoras del mundo en sus lenguas originales: María Zambrano, Akiko Yosano, Margaret Atwood… Que se danzan con paralelo lirismo. Un tono que está siempre en las coreografías, y también en el set musical, silueteado y difuminado al fondo, del que parte una minimalista revisión de la partitura (de Bizet y también de Iradier), a guitarra, violín y chelo. Las dos voces son de mujer, Ana Ramón y Loreto de Diego, enfatizando la feminidad total de la obra. Sí que hay dos bailaores, pero son meros accesorios en la farruca. No se les necesita. Ni a Don José, ni a Escamillo. Ni al soldado, ni al torero. Aquí es Carmen quien habla-danza-piensa-sueña-crea. Aquí quien habla-danza-piensa-sueña-crea es María.

 

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