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Festival Flamenco Nîmes 2015. Joaquín Grilo, ‘Cositas mías’ (con Remedios Amaya & Dorantes)

Galería de fotos. Festival Flamenco de Nimes 2015. Joaquín Grilo, 'Cositas mías', con Remedios Amaya y Dorantes (fotos © Danielmpantiga.com)
Galería de fotos. Festival Flamenco de Nimes 2015. Joaquín Grilo, ‘Cositas mías’, con Remedios Amaya y Dorantes (fotos © Danielmpantiga.com)

Hasta la escena penúltima, no es un tributo obvio el que Joaquín Grilo rinde a Paco de Lucía en su ‘Cositas mías’. Aunque basta con saber que fue parte del mítico sexteto del genial guitarrista, para apreciar que el homenaje impregna toda la obra en realidad. El bailaor jerezano se deja mover en este montaje -que clausuró el pasado Festival de Jerez 2014- por el impulso musical. Y, para ello, ha configurado su propio «sexteto» en el que -junto a Juan Requena, Makarines, Ané Carrasco y palmas- como invitados especialísimos tiene nada menos que a Remedios Amaya y a Dorantes. Contar con ellos es un capricho dentro de un capricho; es así como se puede entender esta obra que no tiene más base argumental que la de danzar y tocar, tocar y danzar: por, para, en. Grilo se deja mover por la inspiración, el antojo, el libre albedrío… lo que mueve una obra declaradamente personal pero que, a la vez, tiene como motor a otras arrebatadoras personalidades. En comunicación con ellas, el bailaor pasa por diferentes estadios: la búsqueda del sonido interior, la llamada a los maestros que lo guían, la entrega a la burla… y siempre, siempre, la posibilidad de lo inesperado: eso sucede cuando todo su cuerpo succiona la música que se le genera alrededor y, tras contener, exhala. Si eso llega con un tótem al lado, como Remedios Amaya, todo puede dispararse. Como en la soleá. ¡Qué soleá! Y si sucede con un músico mágico como Dorantes, pues eso, sobreviene la magia. Y mención aparte para el episodio taurino, en esta taurina tierra. Aún con los altibajos estructurales, siempre supieron cómo reconectar, avivar la caldera y  generar intensidad. Una intensa flamencura -eso que se presupone pero no siempre está- que tuvo su máxima expresión en la borrachera por bulerías. La propuesta resultó vibrante y comunicativa. Así lo sintió el público del Festival Flamenco de Nîmes 2015, que entregó sonoros oles, aplausos y pateos a una propuesta que, esta vez, no quiso terminar con lágrimas… sino con esperanza y con guasa, con ese dejado existencialismo tan español. Que después de la emotiva estampa de la guitarra brindada al cielo, cantaran el «cuando me pongo a pensar, que me tengo que morir» no fue porque sí. Si no porque saben (y debemos saber todos) que nuestra única certeza es que, como dejó escrito Cervantes, «hasta la muerte, todo es vida».

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